TOKIO BLUES

26 Dic

Photo by Lieke Romeijn, “Melodies and desires”

“…En la habitación oscura, con  las ventanas cerradas, Reiko y yo nos abrazamos como si fuera lo más natural del mundo y buscamos el cuerpo del otro. Le quité la camisa, los pantalones, la ropa interior.

– He llevado una vida curiosa, pero no se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que algún día un chico de veinte años me quitara las bragas.

-¿Prefieres quitártelas tú?

-No, no. Quítamelas tú. Pero estoy arrugada como una pasa, no vayas a llevarte una desilusión.

-A mí me gustan tus arrugas.

-Voy a echarme a llorar- susurró Reiko.

La besé por todo el cuerpo y recorrí con la lengua sus arrugas. Envolví con mis manos su pechos lisos de adolescente, mordisqueé suavemente sus pezones, puse un dedo en su vagina, cálida y húmeda, que empecé a mover despacio.

-Te equivocas, Watanabe -me dijo Reiko al oido-. Eso también es una arruga.

-¿Nunca dejas de bromear?- le solté estupefacto.

-Perdona. Estoy asustada. ¡Hace tanto tiempo que no lo hago! Me siento como una chica de diecisiete años a la que hubieran desnudadao al ir a visitar a un chico a su habitación.

-Y yo me siento como si estuviera violando a una chica de diecisite años.

Metí el dedo dentro de aquella “arruga”, la besé desde la nuca hasta la oreja, le pellizqué los pezones. Cuando su respiración se aceleró y su garganta empezó a temblar, le separé las delgadas piernas y la penetré despacio.

-Ten cuidado. Tranquila- dije.

Cuando la  penetré hasta el fondo, ella tembló y lanzó un suspiro. Moví el pene despacio mientras le acariciaba la espalda; eyaculé de forma tan violenta que no pude contenerme. Aferrado a Reiko, expulsé mi semen dentro de su calidez.

-Lo siento. No he podido aguantarme – me excusé.

_¡ No seas tonto! No hay por qué disculparse – bromeó Reiko dándome unos azotes en el trasero-. Siempre que te acuestas con chicas, ¿piensas tanto?.

-Si.

-Conmigo no hace falta. Olvídalo. Eyacula tanto como quieras y cuando te plazca. ¿Te sientes mejor?.

-Mucho mejor. Por eso no he podido aguantarme.

-No se trata de aguantarse. Está bien así. A mí también me ha gustado mucho.

-Oye, Rieko- dije.

-Dime.

-Tienes que enamorarte de alguien. Eres maravillosa, sería un desperdicio que no lo hicieras.

-Lo tendré en cuenta. ¿Creess que en Asahikawa la gente se enamora?

Al rato volví a introducir dentro de ella mi pene erecto. Debajo de mí, Reiko se retorcía de placer y contenía el aliento. Mientras la abrazaba y movía, despacio y en silencio, el pene dentro de su vagina, hablamos de muchas cosas. Era maravilloso charlar mientras hacíamos el amor.

Cuando se reía de mis bromas el temblor de su risa se transmitía a mi pene. Permanecimos largo tiempo abrazados de este modo.

-Es fantástico esta así -dijo Reiko.

-Tampoco está nada mal moverse -añadí.

-Entonces hazlo.

La alcé asiéndola por las caderas y la penetré hasta el fondo, saboreando aquella sensación hasta que eyaculé.

Aquella noche lo hicimos cuatro veces. Al final de cada una de ellas, Reiko se abandonaba entre mis brazos, cerraba los ojos, lanzaba un profundo suspiro y temblaba unos instantes.”

Haruki Murakami “Tokio blues, Norwegian Wood”,  páginas 377-378. Editorial Maxi Tusquets Editores. 4º Edición. Octubre 2007.

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