Esperanza

31 Dic

Photo and text by soonorlater

El sol sale para iluminar con esperanza todo lo que le rodea

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2 comentarios to “Esperanza”

  1. Vathek enero 1, 2010 a 12:46 pm #

    Hope is what remains when all is lost.

  2. Vathek enero 1, 2010 a 7:12 pm #

    En estos días no sale el sol…

    En estos días recibí el mayor golpe que podía recibir. Su víctima debía ser quien precisamente, singularmente, no formaba parte indiferente del paisaje, del continuo de cotidianidad que corre en cada día, los fantasmas e imágenes que se deslizaban al fondo sin tocarme. Por el contrario, representaba la suma de las convicciones, de la certidumbre de que el amor existía, era bello y fuerte, y quiso bendecirme estando conmigo, reflejando así el sentimiento agradecido, absoluto, simétrico, desperezándose del desencanto, de la grisura de lo diario. Mi corazón revivía jubiloso cada vez que volaba a su encuentro, y éste encuentro era un milagro, una redención, un renacimiento. Estaba allí, me esperba y era feliz de verme, sólo porque era yo, la amaba y me amaba. ¿Cabía mayor felicidad?

    En estos días el mundo gris, hostil, rencoroso de que por demasiado tiempo haya escapado a la sombra de su medicridad, alejó de mí a quien amaba, quien me amaba, convirtiendola en un acertijo insoluble, una broma cruel, un vacío abierto justo en el centro de mi corazón. Su deseo dejó de encontrar el mío, su esperanza dejó de ser la mía. La perdí en las esquinas del laberinto y, aunque la busqué desesperado, desandando el camino, gritando su nombre como único hilo de guía, sólo pude escuchar restos de su voz distorsionada por el viento. Mi perplejidad sólo me condujo por corredores siniestros donde los espectros me confundían, antros en los que la pesadilla de su pérdida me golpeó de forma cada vez más refinada. El dolor se volvió intolerable. Mis ojos, mis manos, mi corazón me fueron arrancados sin contemplaciones. De nada sirvieron mis gritos ni mis lágrimas pidiendo clemencia. La tortura continuaba inexorablemente. Aquello que me torturaba imitaba su voz, haciendo mi sufrimiento mayor si cabe.

    Ahora, tras la ordalía, yazco casi sin vida, apagándome. Mi rumbo ya no tiene su estrella guía. Soy un náufrago ingrávido en un espacio de tristeza, de angustia, de dolor, sin sentido. El vacío, la ausencia de su luz, que hacía que los fantasmas retrocedieran acobardados, tiene dimensiones que no llego a penetrar. Todo ha perdido su significado. Mi mundo, que era el suyo, es pasado y sólo quedan girones.

    Aún no acierto a comprender contra qué dios he pecado, contra que alta instancia he sido impío, pues de eso debe tratarse para merecer un castigo tan severo. No sé qué podrá salvarme, no sé cual es el camino. Sólo queda creer en que hay esperanza.

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