Siempre

3 Ene

Siempre que entro en un centro comercial me siento igual. En Navidad es aún peor. Te conviertes en parte del rebaño, vas donde te llevan los demás; te dejas arrastrar y compras palomitas de maiz porque el ambientador que usan te seduce y te hace parecer que son palomitas realmente. Tú te dejas atrapar, claro. Compras lo que no quieres, no necesitas y ni tenías pensado comprar. Como si éso fuese un paso hacia la felicidad. Y lo gracioso es que nadie es feliz en un sitio de éstos. Ves caras crispadas, rostros fatigados, niños que lloran o señoras que no pueden tirar del carrito porque lo llenaron de cosas vacías, de vacío. La música ambiental también seduce, parece decirte “Compra, compra, compra. No mires qué, sólo compra y serás feliz…”

Entonces, ¿Por qúe vamos a uno de estos sitios?. ¿Por qué decimos “nunca más” y sólo lo recordamos cuando ya estamos en mitad del rebaño, pastando conservas de tomate y patatas con sabor espacial?. ¿Será pués el placer de comprar en masa? ¡Cómo nos gusta ser ovejitas!, buenas y consumidoras ovejitas. Y más en Navidad… claro!.

Tienes que comprar muchacho… gasta tu dinero, el que sea, el que tengas… pero joder, gástalo ya!, ¿no ves que lo haces por tu país?. Con tu consumo ayudas a que tu país prospere: Toma ejemplo de esa gran – gran nación que son los USA. Ellos lo hacen todo a lo grande – grande. Saben que cuando hay tiempos de crisis, lo mejor es gastar. Tira lo que tienes y compra uno nuevo… Pero hazlo yaY ahora con un 10% de descuento… Guau! No te puedes negar.

Se habla del placer de la compra, algo parecido a un orgasmo, el placer de comprar. Das vueltas, miras, comparas, deseas, eliges… Y Ya!. Los empujones y restriegues con cosas y gente en los estrechos pasillos repletos de lo innecesario, las esperas en la cola… Ya llega, ya llega… sí, sí, sííííí !!. Y sí, terminan así, y ya has llegado, comprado… so, now what? Después, cuando tu tarjeta ha pasado por la ranura de la caja registradora, de ese sexo electrónico y plastificado, cuando ya has pagado por tu efímero placer y has firmado, confirmando que quién compró eres tú, no hay nada más. La decepción del después y esa felicidad que se desvanece, ese affair con el centro comercial.

No soporto los centros comerciales. Una vez comenté que las catedrales del siglo XXI eran los aeropuertos, un amigo, muy acertadamente, me contestó que me equivocaba, las grandes catedrales del siglo XXI son los centros comerciales, por lo menos en Reino Unido, decía él… Y dónde no, me pregunto yo.

Text by soonorlater

tommy_sheep

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